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Como delineante Emilio de la Cerda está influenciado por el obsesivo racionalismo de diecinueve, pero también se aprecia el contacto con sus obras anteriores que lo conectan con una tradición en las que el dibujo o el uso del color poseen un papel destacado, sirva como ejemplo el plano de Carrión de Mula, sin que ello suponga una merma en la calidad de los planos. A todo lo mencionado su faceta como dibujantes y publicista, que se aprecia claramente en la combinación y disposición cromática, las grafías, etc. conformándose de este modo con un estilo propio e inconfundible.
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